miércoles, 2 de junio de 2021

Mi tía Gaby


                                                                                                                          1 Abril, 2021.

 

Esta semana ha sido difícil.

Además de mi mamá, hay otras 3 mujeres que son de gran estima: mi tía Gaby, Blanquita y mi pediatra Aurora.

Me enteré antier que mi tía murió hace doce días (17 marzo), y hoy, que Blanquita está muy delicada con cáncer terminal. En lo que va del confinamiento por la pandemia, un año y quince días, 19 personas de mi entorno han sido llamadas por el Padre, poco más de la mitad por el nuevo padecimiento, el resto por otras causas.

Hoy quiero dedicar este post con mucho cariño para mi querida tía Gaby.

Creo que la conocí cuando yo tenía 8 años, la verdad no recuerdo su rostro en nuestro primer encuentro. Fue cuando fuimos al teatro a ver a mis primos a una de las presentaciones musicales infantiles que ella organizaba cada año.

Por esto, mis padres decidieron darnos el privilegio de tener educación musical desde pequeños y nos inscribieron a su escuela. Se llamaba Instituto de Iniciación, Educación y Sensibilización Musical del Niño. Su logo era un pato en forma de clave de sol.

Ella y su mamá, mi tía Julia, quien era pianista, daban las clases a decenas de niños en una hermosa casona antigua en el tradicional barrio de la capilla de Jesús, en el centro de Guadalajara.

Tenían un gato negro y una perra grande pelirroja (raza setter irlandés) que se llamaba Monina, era muy linda perra y muy amigable, la sacaban a saludar a veces cuando terminaban las clases.

Cuando era navidad, adornaba la entrada con un gran árbol hermosamente decorado con motivos musicales. Yo me deleitaba mucho observando los detalles mientras esperaba que llegaran por mí.

Si se tardaban mucho mis papás, mi tía Julia nos daba a mi hermano y a mí un plátano. Y Gaby siempre le decía que nos quería tener como changuitos porque siempre sacaba las bananas! :D Pero ahora que yo limpio la casa, era lógico, pues es una fruta que no tiene jugo y no hace cochinero.

Mi tía Gaby en esos tiempos era una veinteañera. Ella se encargaba de enseñar en mi grupo de flauta de niños de mi edad, su mamá de los chiquitos y de los que estudiaban solo piano.

En un salón grande, frío, sobrio y de techos altos, era donde tomábamos clases. Me gustaba mucho porque nos sentaba en unos bancos grandes de madera natural en forma de cubos, tenía varios pizarrones y una gran variedad de instrumental Orff.

Yo era feliz entre claves, cajas chinas, güiros, triángulos, platos suspendidos,  crótalos, castañuelas, timbales, cascabeles, carrillones, metalófonos y xilófonos.

Mis canciones favoritas de esos primeros años eran Ding Dong, Lulalilela, La Flor de la Cantuta, Tongo Tongo y los cánones del Acitrón, El Gallo Pinto y El Aguacate.

Cuando terminaba el año se hacía la presentación en un teatro pequeño y se narraba una historia. Era musicalizada por los niños de 6 años en adelante y actuada por los menores, de 2 a 5 años. Recuerdo que desde varias semanas antes, ella dibujaba con crayolas en metros de tela de pellón, la escenografía del cuento.

Una vez me llevó a una cabina a narrar el cuento del año por mi formación de locutora.

Esos fines de año eran de locura, pues en cuanto salíamos de la escuela a vacaciones de verano, los ensayos generales eran mañana y tarde por una semana, antes de la fecha del teatro. Esto incluía la prueba de vestuario de todos los que participábamos, como unos 30 niños. Aparte era el recital de los alumnos de piano, y en su momento, de los adolescentes que formábamos el cuarteto de flauta barroca.

Así que ahora que lo recuerdo y escribo, para solo 2 personas dirigiendo, era realmente titánico.

Como te estarás imaginando, para hacer todo eso se necesitaba mucha disciplina y dedicación.

Cómo olvidar sus zapatazos para  marcar el tiempo, sus letreros en las partituras que decían “estudiar 30 horas diarias” en un círculo, su cantada de “1,2,3,4, 1…”  cuando ensayábamos…

Ella era muy estricta y perfeccionista, a diferencia de mi tía Julia, que era un dulce cuando nos daba clase de flauta cuando Gaby estaba enferma. (Pero cuando estudié piano se le quitaba lo dulce y me gritaba desde el patio: “¡Le estás dando martillazos al piano!)

Fueron 2 mujeres esforzadas, trabajadoras y valientes para su época.

Cuando se casó perdimos contacto, solo pude localizarla para mi graduación de la Universidad. Hace tres años que quedó viuda me buscó y convivimos de nuevo, fue un feliz reencuentro porque recuperé a alguien muy amada.

Nos visitamos mutuamente varias veces y nos hablábamos seguido. Me platicaba de su amado  hijo Christopher y su adorado nieto, pasábamos un gran tiempo y siempre se reía de mis chistes. Había tantos años atrasados en que debíamos ponernos al día… no fue suficiente.

Escuchaba mis podcast y estaba al pendiente de mis redes. Tenía apenas unos 21 días que habíamos estado en comunicación. Todo iba sin novedad, ella gozaba de perfecta salud. Por ahí del 2 de marzo le mandé un emoticón de Mafalda, personaje que le gustaba mucho, y me dejó en visto, cosa que me pareció extraña. Ya estaba enferma y no me lo dijo, nunca entenderé por qué…

Pasaron los días y me pareció mucho silencio en sus redes sociales, se inquietó mi corazón y la empecé a buscar. Así fue como supe que ya no estaba.

Ahora es 22 de mayo, no me cabe todavía en mi cabeza que ya no esté. Me viene a la mente al pasar por Plaza Andares que era su centro comercial favorito, cuando ando cerca de su casa, en las tardes entre semana que le llamaba mientras yo planchaba… Pensar lo que sufrió al estar sola en sus últimos días de vida, todavía tenía tanto para dar…

Me retumban en la cabeza sus carcajadas y su voz, que espero no se borren pronto. Su legado: me heredó el gusto por la música y la disciplina, un ejemplo de mujer esforzada.

Su última frase en perfil del whatsapp reflejaba la pasión de su vida; “Cierro los ojos para escuchar música. Creo que merece el mismo cuidado que un beso en los labios.” Y en su estado, su más grande amor: “Los hijos tienen un extraño poder sobre los padres, sufrimos más su dolor que nuestro propio dolor y solo somos felices cuando ellos lo son”.

Dios se la quiso llevar con ese final.

Te extrañamos mucho, te llevo en mi corazón… Gracias 
por tanto, hasta siempre tía Gaby…       
                                                                            
                                                      



viernes, 2 de octubre de 2020

El gozo de andar en la verdad

 



“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad,

a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros:

Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor.

Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.” 2 Jn 1.1-4

 

Según expertos, esta expresión inicial es mayor a un superlativo, lo que indica que Juan estaba inmensamente feliz por la razón de saber que algunos de sus hijos espirituales  andan en la verdad, de acuerdo con lo que Dios establece en Su Palabra.

 Hay diversas posturas sobre el destinatario de esta carta, pues unos dicen que tal vez era a una creyente a quien el apóstol quiso animar, pero como había persecución, la llamó como “la señora elegida” para no ponerla en riesgo. Otros piensan que esta “señora” es una iglesia.

 Lo que sí es seguro, es que el objetivo de estos cuatro versículos con que comienza la epístola, es gozarse en que creyentes permanezcan en la certidumbre que da  organizar su vida conforme con los estatutos divinos.

 De hecho, era tan valioso para él, que lo reitera en 3 Jn 3, 4:

“Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad.

No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.”

 

¿Qué importancia tiene esto? Vamos primero a checar el concepto de verdad, pues este autor repitió esta palabra 37 veces en el Nuevo Testamento. Según la RAE es “Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. / Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa. / Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.”

 En otras palabras, es una congruencia total entre lo que se ve, se piensa y se dice, y trae a colación el atributo de nuestro Señor que más me gusta: inmutabilidad.

 En nuestra fe tenemos un Dios de verdad (Dt 32.4), Jesús es la verdad (Jn 14.6) y Su Palabra es verdad (Jn 17.17). Esto es maravilloso,  pues hoy más que nunca, todos poseen “su” verdad.

 En estos versos el discípulo amado  intenta reconocer a los creyentes que no han sido engañados y alejados del evangelio y les alerta de los falsos maestros, quienes buscaban convertir a personas,  abusando de la hospitalidad cristiana para extender su causa (v. 10).

                      “Los labios mentirosos son abominación a Jehová;

Pero los que hacen verdad son su contentamiento.” (Pr 12.22)

Amado Padre: Te pido un corazón dispuesto a andar en caminos rectos, guárdame de deslizarme con fábulas profanas que me aparten de tu luz y sea de tropiezo a otros. Úsame para dar testimonio de Tu verdad. En Tu nombre, amén.

 




 


¿Traes puesta la Armadura de Dios?

 


“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;” Ef 6.14-18.

 

Sabemos que el creyente tiene tres enemigos: la naturaleza pecaminosa (carne), el mundo y el diablo. Por tanto, el  Creador nos da  las herramientas necesarias para esta lucha mientras transitamos nuestra vida terrenal y las comunica a través del manual de vida: la Biblia.

 Nos hace el llamado a estar firmes y resistir en la introducción de este pasaje. Esta armadura tiene seis armas que actúan en conjunto.

 El cinturón de la verdad (v.14) se refiere a conocer y obedecer la Verdad del mensaje de Dios a través de las Escrituras.

La coraza de justicia (protege el pecho donde están los órganos vitales). El corazón se considera el asiento de las pasiones y afectos, que tienden muchas veces a la maldad.

 Con el calzado que protege y da firmeza a nuestros pies, podemos ir sin excusas a predicar las buenas nuevas.

 El escudo de la fe (que era alargado, medía más de un metro y cuidaba desde las rodillas hasta la altura de los ojos) indica una convicción muy fuerte de la verdad revelada en la Palabra, que implica gran confianza en las promesas de nuestro Padre. Ante esto, los dardos del maligno quedan sin efecto y echa fuera la duda, pues sabemos en qué y en quién creemos y no caeremos en sus mentiras.

 El casco (yelmo) de la salvación (cubre la cabeza), nos invita a que tengamos presente quiénes somos en Cristo, que estamos en la mano de Dios y la seguridad de la vida eterna.

 La espada del Espíritu a la que se refiere este versículo es la daga que se usaba para el combate cuerpo a cuerpo, que se llevaba en la mano para su uso inmediato. Recordemos que la Palabra de Dios es viva y penetra hasta partir el alma y el espíritu (Heb 4.12). Cada vez que la pronunciamos es un mensaje de poder a quienes la escuchan y transforma vidas para la gloria de Dios.

 Buen Padre: queremos pedirte que tengamos corazón dispuesto para conocer y andar en tu Verdad, que estemos firmes en nuestra salvación y convicciones, para ser estandartes tuyos en nuestro paso por esta tierra.




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