sábado, 24 de octubre de 2015

Recuperando al niño que llevamos dentro.


En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre,
Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de
los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.
Mt.11.25.

           “Mami: ¿Sabes todo lo que creo de la Biblia?
La historia de David y Goliat.
Que existió Sansón.
Que Cristo murió por mí y limpió mi corazón.
Que Jesús caminó sobre el agua del mar ¿Te imaginas?
Que Jesús le dijo al viento: ¡calla!
Le dio vista a los ciegos.
Hizo caminar a los que no podían.
Sanó enfermos.”

            Hasta ahora entiendo este versículo, cuando veo a nuestro hijo hablar con una emoción singular de las historias de la Biblia y de Jesús.

           A pesar de ser fan de los súper héroes, como los de su edad, le gusta “jugar a Jesús”, porque “así recuerdo lo que yo creo”. Su favorita es cuando caminó sobre el agua.

           “Mami: Tú eres María y yo Jesús.” Y en el juego hace comentarios como estos: “Mira mamá, yo soy Dios, y soy poderoso para hacer cosas que quiera… ¿Qué deseas que haga?... ¿Sabías que el viento me obedece María?... Mira cómo camino ¿ves que no me caigo?... Mamá: van a venir mis amigos los discípulos, ¿nos puedes hacer un postrecito? También vamos a tomar un poco de té.”

            Es un deleite participar en ese juego, pues me sorprende con sus respuestas, que tenga tal sensibilidad y fe. Ya quisiera la décima parte de la pasión y determinación con que cuenta sus relatos.

            Y bueno, eso muestra también el fruto de su salvación, pues realmente sabe lo que contesta y por qué lo dice.

            Cuando vamos creciendo, perdemos poco a poco esa capacidad de asombro, esa inocencia, y en su lugar, hay una niebla que nos impide esa espontaneidad propia de la infancia. Cuánto he perdido, pero Dios me ha mandado a esta criatura para recuperarlo.

             Mi oración es que su corazón sea guardado, y que no mengüe  la fe que tiene en el Señor y en Su Palabra. Que yo sea un instrumento útil y limpio como mamá y no sea de tropiezo con mi ejemplo.

Entonces Jesús dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos.»
Mt 19.14. (RVC)




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