domingo, 21 de abril de 2013

Que tu luz no sea obscuridad




Lc. 11.35.- Asegúrate de que la luz que crees tener no sea en realidad oscuridad (NVI).
¡Qué tal amigas!
Este versículo del que te compartiré hoy, impactó mi corazón esta semana. En especial la frase “la luz que crees tener”.
Durante el 2012 pasamos por disciplinas y pruebas,  ministerial y personalmente, y el deseo de mi corazón ha sido con mayor fuerza el Salmo 139.23-24 a:
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad,

Si de algo se supone yo había estado segura en mis 38 años de vida, es que yo no tenía problemas de  autoestima, cuestión  que de verdad podrían constatar los que me conocen, ya que aparento una personalidad fuerte y segura.
Pero gracias a Dios, en este año he leído ya tres  libros cristianos que me han ayudado a crecer espiritualmente, escudriñando mucho mi corazón, y… ¡oh sorpresa! Me costó reconocer, sí, confieso que tengo baja autoestima.
Imagínate dura cerviz ¡después de más de 600 hojas y cuántos años! Pero afortunadamente el Señor ya quebrantó mi corazón…
Sal. 139.1-3.- Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.

La estima defectuosa está mal delante de Dios, es ingratitud, pues no valoro las fortalezas que Dios puso en mi persona, soy su diseño y lo estoy despreciando, mi carácter hostil no me gusta, mi dureza para hablar tampoco, no tengo contentamiento pleno y he orado mucho al Creador para reflejar el gozo que he perdido.
He sentido mi alma literalmente abatida, y buscando el significado de esta palabra en el Diccionario, para escribir este artículo, me impresionó su significado: Echar por tierra /Hacer que algo caiga o descienda / Poner tendido lo que estaba vertical / Hacer perder el ánimo, las fuerzas, el vigor / Desviarse de su rumbo a impulso del viento o de una corriente.
Así, tal cual, he estado, unas semanas mejor, otras más o menos, otras sensible, otras agresiva, otras mal. Cuando pienso que ya lo voy superando, algo pasa para mostrarme que aun estoy muy dolida y quebrantada.
Dios ahí, sacando, sacando, sacando, suciedad, lodo, mugre de hace poco y de hace  años. Y no ha sido por falta de comunión, ni de buscar a Dios, creo es respuesta a mi oración para hurgar detalladamente, pienso que hay todavía cosas qué sacar, obscuridad en la luz que creía tener.
En los últimos tres años, ha habido angustias y ataques, a los que he añadido auto-exigencia y no he estado satisfecha con lo que hago, siempre creo que pude haber hecho más y me he quejado bastante. Mis frases favoritas han sido: “Si hubiera hecho”, “si fuera así”… He luchado con el perfeccionismo y el control olvidando que soy humana, débil y pecadora.
Me he dejado llevar por la corriente y he creído más lo que otros dicen de mí, en mis defectos, en lo que no puedo hacer, en derrumbar los avances que tengo como si todo estuviera mal, que en lo que Dios opina de Jéssica y en lo que es real.
Así que lo primero que estoy haciendo es intentar verme como Dios me ve, con Sus ojos, no con los míos:
Is. 49.1 b.- Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria.

Is. 44.24.- Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;

¡El que hizo los cielos me tenía en Sus planes!

1 Co 1.27.- sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;

¡Se vale que no sea perfecta! Soy humana, no soy Dios...

2 Co. 12.9.- Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
Fil. 1.6.- estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

Él hará, tengo al Espíritu Santo morando en mí, me está redarguyendo de pecado.

Rom. 9.20.- Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?

“Padre Celestial:
Gracias porque tus pensamientos para conmigo son pensamientos de paz y no de mal.
Gracias porque tú obras todas las cosas para bien de los que te aman y son llamados conforme a tus propósitos.
Gracias por los ‘defectos’ que contiene Tu diseño en mi vida para conformarme a la imagen de tu Hijo.
Gracias por permitirme asegurarme de que la luz que creí tener no sea en realidad oscuridad.”
Sal. 51.6-8.- “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.”

¡Nos leemos el lunes!


Por Jéssica Jiménez de Beltrán.
Escrito para el Blog El Viaje de Una Mujer.


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